Falta amor.

Los hechos de Monterrey.

Creo que ya la mayoria sabe lo ocurrido. Yo no he querido ver más que la noticia general pero es suficiente con eso.

Quería comentar cómo es que situaciones asi tienen tanto que ver con el llamado “tejido social” cómo esto puede ser una corresponsabilidad de muchas partes pero para mi no deja de ir también hacia el asunto de la falta de amor y esperanza y esas dos cosas se maman.

Me explico: cuando un ser humano que ha perdido esperanza y que esta carente de amor tiene a su vez que criar a otro ser humano, estará ya desde ahi criando a una persona falta de amor. Falta alma, espiritu, corazón. Nos volvemos desalmados.

Pero ¿Cómo podría ser diferente si hay madres solteras enfrentandose solas al mundo? Criticadas, juzgadas, explotadas laboralmente, sin oportunidades de crecimiento laboral, personal, espiritual y sumidas en la ignorancia? O familias enteras, padres de familia a quienes ves en el transporte público a la hora pico con el rostro y la mirada ausente inertes ante lo que ocurre a su alrededor, cinicos, desinteresados despues de una extenuante jornada sometido, humillado, explotado.

Hablo de familias que no tienen privilegios, que crecen y viven en la ignorancia y el sometimiento en varios sentidos, que no hay quien les tienda la mano y que estan tan abandonados espiritualmente que en ocasiones un bebé, un hijo, no es una bendición si no una pesada obligación. Y no, no siempre se resuleve con el “entonces para que tuvieron hijos” porque aunque parezca increible, mucha gente aun no sabe que tiene la opción de decidir sobre su vida y su reproducción.

No sé si este sea la situación de la familia involucrada en este caso, quizá su historia es otra muy distinta, quizá sean lo que llamamos una familia “normal” y por muy diversas circunstancias se encuentra  en esta situación, entonces creo que nuestra indolencia, nuestra falta de empatia y  de respeto, nuestros señalamientos y juicios, no aportan nada y en cambio si generan una cadena de odio que va matando el alma. Si está familia era una familia con amor y esperanza, el escarnio social puede acabar con eso y abonar en la siembra de una familia desesperanzada.

Hechos como este, no tienen un culpable, tienen muchos. Hay muchas aristas. Un estado corrupto y desinteresado, una sociedad apática e indolente, un sistema voraz, hostil y exigente, pero no me atreveria a señalar a sus padres, no los conozco, no sé sus vidas, pero tampoco puedo imaginar su dolor y no me atrevería a hacer ningún señalamiento. Me parece también que falta amor y que por el contrario hay mucha promoción del odio. Entre chiste y chiste, se promueve el odio, en nuestros juicios, criticas, se promueve odio. No sabemos que pasó con esta familia y con este chico, pero no podemos responder con más odio, sino con respeto, empatia, reflexión y siempre promoviendo el amor.

Yo sigo creyendo que en quienes tenemos el privilegio de decidir y ejercer un cambio, puede estar la solución.

Somos unos mentirosos

Al menos yo si. Lo era y no lo sabía. Veo mucha gente que miente respecto a esto.

Decimos mucho que hay que darle menos importancia a lo material y más importancia a aquellas cosas que no pueden comprarse, pero vivimos haciendo todo lo contrario.

Son de estas cosas que ahora que intento criar un ser humano, me he percatado.

Un pequeño bebé de días de nacido, no me ha pedido nada mas que aquello que con mi cuerpo, mi espíritu y mi ser puedo darle. Me pidió calor, amor, alimento, protección. Y no necesité más que de mi misma para dárselo.

La primera noche en el hospital fue una noche fría, no teníamos cobijas, estuvimos solos él y yo por muchas horas. Me preocupaba tanto que pasara frío porque sólo lo cubría una sábana, un poco gruesa, pero tiesa y pesada. Así que no lo solté en ningún momento, todo el tiempo lo abracé y lo tuve junto a mi, nuestro calor mutuo fue suficiente. Cuando tuve que dejarlo en su cunero para que le aplicaran su primer vacuna, no lloró. Enseguida lo volví a cargar.

En estos 10 meses, no me ha pedido ropa o juguetes. No me ha pedido una marca de leche o de pañales. No ha llorado si no tiene un juguete. No está esperando día de reyes con una lista de sugerencias (o exigencias), no se ha enojado ante una montaña de trastes sucios, una casa un poco mugrosa, una cama sin hacerse, o un pequeño o gran tiradero. Lo único que me ha pedido es tiempo, todo mi tiempo. Que lo levante en brazos una y otra vez, que lo alimente, que lo arrulle, que lo abrace. Sonríe cuando yo juego con él aunque no tengamos juguetes, se carcajea cuando le hago cosquillas, come más cuando me siento a la mesa con él y lo observo y platico y duerme mejor cuando dormimos juntos.

¿Al paso del tiempo y de los años eso cambiará? Si, y lo sé. Me pedirá cosas, se enojará si no las tiene. Se frustrará si ve que alguien más si las posee. Y yo no sé qué diré y cómo haré para que él no piense que esas cosas son las importantes. Pero sé, y me hecho la promesa, que nunca antepondré las cosas materiales a las importantes.

Porque me di cuenta que mentimos cuando decimos que lo material no importa, pero nos enojamos si ensucian la ropa, si rompen un juguete, nos justificamos con que “hay que enseñarlo a valorar, hay que enseñarlo a cuidar”; nos sentimos mal por no comprarles ropa bonita, o juguetes de moda (es que fulanita, fulanito, si se lo compramos), nos entristecemos porque no conozcan los lugares que todos frecuentan, o por no llevarlo de vacaciones a la playa tan seguido. Trabajamos mucho y en ocasiones demasiado, para poder darle todo eso (“Que no le falte nada”, nos decimos, nos mentimos) y luego andamos enojados, y sin tiempo, sin disposición, para dejar a un lado los trastes sucios para después y escuchar lo que tenga que decir, soltar la computadora por unas horas y jugar con él, dejar que ensucie la ropa mientras juega y experimenta algo nuevo, dejar todo, y digo TODO cuando pide una vez más un abrazo, un arrullo, un apapacho.

¿Por qué nos preocupa tanto que los muebles se raspen, se arruinen? ¿Que la ropa se percuda? ¿Por qué decimos que no somos materiales pero no estamos a dispuestos a vivir con menos dinero a cambio de más tiempo? “Es que la vida es cara” “Es que quiero darles lo mejor” “La única herencia que voy a dejarles es la educación, y la educación cuesta” y no nos damos cuenta que en realidad, durante toda nuestra vida, nunca quisimos más, ni nada diferente de lo que necesitábamos al principio: calor, alimento, protección, AMOR. Y la verdad es que iremos transitando nuestros días, buscándolo sin saber siquiera cómo encontrarlo, como pedirlo, y como otorgarlo, porque nos han enseñado muy poco de eso, y nos han enseñado a trabajar por lo material.

Mi mamá detenía todo cuando yo quería hablar con ella. Y eso era muy frecuente, yo siempre necesitaba hablar. Y ella dejaba de lavar trastes, de planchar, de hacer la comida, para sentarse y mirarme a los ojos y escucharme por horas. De todo lo que mi mamá me ha regalado, eso ha sido lo más grande. No recuerdo los regalos de día de reyes o cumpleaños, recuerdo que no siempre me trajeron lo que pedía. No recuerdo con que frecuencia me compraba ropa, ni le tengo un especial cariño a alguna prenda. No recuerdo si la casa estaba impecable de limpia o era un desmadre. Pero sí recuerdo con amor esas largas horas de platica donde me escuchaba, me consolaba, me regañaba, me explicaba y me daba su opinión. Las recuerdo y me traen paz, y sé que ella también las disfrutaba.

Ahora sé que no es que yo necesitará hablar más que el resto de la gente. Ahora sé que todos lo necesitamos igual, la diferencia es que yo sabía que sería escuchada, y por eso lo seguía pidiendo,  muchos dejan de hablar, porque ya saben que no los escucharán.

Sé que mi hijo no recordará de esta misma forma, las largas horas y días que he pasado cargándolo, arrullándolo, alimentándolo, cantándole. Su memoria no llegará hasta estos, sus primeros días. Pero pienso que esto es el comienzo de un compromiso que me he hecho, de seguir otorgándole como prioridad lo más importante: mi tiempo, mis brazos, mi corazón, mi espíritu y mi ser. Creo que su cabeza no llegará a recordar estos días, pero estoy segura que en su corazón ya se ha sembrado una semilla con una herramienta muy poderosa que le dará fuerza en momentos difíciles. Un “algo” que le hará saber que ante las penas de la vida, no vale refugiarse en lo material, sino que lo hará buscar aquello que en sus primeros días fue lo único que conoció: un abrazo cálido, amoroso, dispuesto, que detiene el tiempo y que antecede a todo lo material.

Antes que juguetes, antes que vacaciones, antes que “una buena educación”, antes que cuidar la ropa, los muebles, las cosas, antes de todas aquellas cosas que existen, que no niego, que se necesitan y que tendrá, quiero que él encuentre mi tiempo, mi disposición, mi amor, mi comprensión.

No quiero seguir mintiendo. No deberíamos seguir mintiendo. Seamos honestos, la mayor parte del tiempo, lo material esta en primer lugar.

 

 

 

 

 

El proceso de olvidarnos de nosotros mismos

Ahora que intento hacer algo bueno con la crianza y educación de mi hijo, me he topado con algo revelador.

Desde nuestros primeros meses de vida empezamos a dejar de oír nuestra voz para escuchar todo lo que nuestro medio tiene que decirnos, ¡Y vaya que tiene mucho para decirnos!

Antes que permitirnos como adultos y cuidadores conocer al nuevo ser humano, y entender sus reacciones, identificarlas para más adelante ayudarle a él a entenderlas. Lo bombardeamos con instrucciones y restricciones.

Si un bebé de menos de 1 año se voltea ante una persona, la manotea, le jala el cabello, llora, le sonríe, le estira los brazos u otra tanta infinidad de reacciones, los adultos lo aleccionan conforme a lo esperado socialmente: ¡No seas grosero! ¡Qué agresivo! ¡Eso no se hace! ¡No! ¡No! o se le felicita si es lo que se espera !Qué bonito! ¡Qué sociable! ¡Qué bien educado!.

Pocas veces (o nunca) nos detenemos a observar o a tratar de entender porqué ha reaccionado de esa forma. ¿La persona le causó miedo, sorpresa? Quizá traía algún accesorio o ropa que le causa temor o que le atraía y por eso le estiró los brazos, no sé, hay una infinidad de posibilidades, pero no importan, lo importante es que sepa responder a lo que la sociedad requiere de él.

Así poco a poco, deja de escuchar su voz interior. Porque todos queremos ser aceptados, todos queremos que nuestros cuidadores dejen de gritarnos y asustarnos con un ¡No! continuo, así que esperamos su aprobación y si no nos grita, entonces está bien que nos dejemos cargar aunque a nosotros haya algo que no nos “lata”.

El instinto existe para protegernos de muy diversas circunstancias. A lo largo de la vida nos servirá para no acercarnos a personas que no nos gustan, quedarnos en lugares donde no estamos a gusto, ir hacia donde nuestro espíritu se regocija y en general, mantenernos a salvo y felices.

Pero si desde tan pequeños se nos va adoctrinando para dejar de escuchar esa voz y por el contrario responder a lo que es correcto socialmente, no es de extrañarse que entonces pasemos gran parte de nuestra vida buscando y haciendo mil cosas para tratar de volver a reconectarnos.

¿No sería más fácil permitir que el instinto se desarrolle, evolucione y le enseñemos a identificar y comunicarse consigo mismo para después por conciencia y no por miedo y adoctrinamiento pueda aprender reglas sociales?

¿No son al final las reglas sociales necesarias para una sana convivencia siempre y cuando se hagan por convicción y no, como comúnmente se transmiten, una serie de prohibiciones para reprimir nuestro verdadero sentir y acallar la voz interior que es más sabia que todo lo que la sociedad va imponiendo?

 

 

¡Qué bonitas las historias de amor!

Las fugaces, las eternas, las que se recuerdan, las que se están borrando.

Pero qué bonitas cuando nos las cuentan y nos renuevan las ganas de querer amar. Amar como se debe, como pocos saben y todos anhelamos. Amar al todo.

Estoy escuchando tus canciones. Estoy pensando en ti.

Yo te amo y siempre lo haré, sólo que antes no lo sabía. Quizá te lo dije pocas veces y cuando lo dije, en realidad no lo sabía. Ya te fuiste ¿Será que te cansaste de esperarme?

Creías conocerme bien, me hablabas como si supieras todo de mi, ¿sabes qué?, no es cierto, llegó un momento en el que me solté de tu mano y al caminar por mis propios rumbos, cambié, me ensombrecí, me ocultaba, pero era verdad, había cambiado y tu creías seguirme conociendo, te negabas a aceptar que me habías perdido.

No quería escuchar más tus largas conversaciones acerca de lo bueno y lo malo, ni aquellas cosas que me decías y que me hacían recordar que te amaba porque me reconocía en ti. No me gustaba lo que planeabas para mí, para ambos, odiaba que pensaras en tener el control de ti, de todo, yo incluida.

Te reté muchas veces, sin palabras lo hice: “¡mira como lo hago sin ti!, ¡no te necesito!” Tu permanecías impasible y con una pequeña sonrisa me regresabas la reta.

  • “Regresarás llorando, lastimada, me necesitarás”.

Cuando lo conocí a él, en seguida te diste cuenta; ahora si me perdías. Sabías y fingías no enterarte de nada, que había conocido a muchos, que había llorado por ellos, que hacía todo lo posible por que no te dieras cuenta, pero inevitablemente llegaba a acurrucarme en tus brazos cuando el dolor era insoportable; admitías que llegara contigo para sanarme las heridas. Cuando él llegó, entendiste que esta vez era diferente y agachaste la cabeza, para admitir tu derrota.

Entonces besaste mi mano, para después soltarla.

Yo anhelaba ser feliz, quería sentirme plena en sus brazos, yo buscaba la seguridad en él que tú por años me diste, quería retarlo y que me regresara el reto. Nunca lo admití, pero esperaba que él fueras tú y que ésta vez yo fuera quien ganara, ante él, no llegaría triste y cansada. Tenía que ganar y liberarme de ti.

Fue una guerra de muchos años, tú ya no peleabas,  yo seguía insistente aquí y allá; con este y con aquel, en la batalla, luchando, mostrando fuerzas, alguna veces ganando y otras perdiendo, y al final quedaba vacía, sola, con la cabeza baja, mientras tu me observabas, en ocasiones me tendías la mano y otras fingías no darte cuenta.

Odié por muchos años tu poder sobre mí, tus aires de superioridad y autosuficiencia, tu arrogancia, tu control, tus prohibiciones, tus expectativas respecto a mí, tus manías, vicios, necedades, tu mirada enjuiciadora y tu dedo señalando mis errores.

Te odié tanto que en cuanto pude me alejé de ti.

Fue una lucha de años que nos hizo acabar cansados, desgastados y devastados, para que al final nos abrazáramos y admitiéramos que ya no nos necesitábamos, pero, amábamos estar juntos, viviendo y coexistiendo.

Hoy la batalla se acabó. Yo te amo y siempre lo haré. Me diste siempre todo lo que tuviste, incluso cuando no pudiste contener lo malo.

Te vi cabizbajo, y aceptaste haber ganado la batalla haciendo trampa, porque sabías que aunque yo te rechazara, quería amarte.

Te vi débil, impotente ante las inevitables consecuencias de tu vida y tus decisiones. Estabas triste porque hace mucho que no me veías sonreír de verdad, sobre todo, porque tu no pudiste hacerlo.

Percibí tu impotencia ante mi cenicero lleno de noches de soledad y tristeza. Creí habernos  reconciliado, creí haber terminado la batalla.

Decidí dejar de pelear contigo y admitir que te amo con todo mí ser porque proviene del tuyo. Resolví amarte con todo lo que eres y no eres; con lo que me diste y lo que no, incluso con lo que me quitaste.

Reconocí en tu rostro rastros del mío y en tu batalla de vida, mis preguntas, mis angustias y mis carencias. Quise dejar la batalla  y volverte a tomar de la mano para seguir adelante.

Cuando deje de pelear contigo, deje de hacerlo conmigo y con todos los “él” de ayer y hoy.

Yo te amo y siempre lo haré, sólo que antes no lo sabía.

¿Qué pasa en México?

Pasa que esto tiene mucho tiempo sucediendo, se venía gestando. La violencia, la indiferencia, la crudeza, tiene mucho tiempo que tomó al país y se ha ido extendiendo, de norte a sur, o de los lados hacia el centro, no lo sé bien, pero tiene muchas décadas ya en el país.

No, no es que últimamente las cosas estén peor. En realidad lo que sucede es que no queríamos verlo, era lejano “a mi nunca me va a pasar” decíamos, y tuvo que llegar el día en que le tocara a alguien muy cercano para que nos sacudiéramos y nos diera miedo y empezáramos a cuestionarnos qué tan a salvo estamos, a pedir que alguien hiciera algo, que detuviera esto y entonces ocurrió Ayotzinapa, la incertidumbre, el horror, nuestra incredulidad: ¿De verdad en nuestro país puede ocurrir algo así? Si, y lleva tiempo ocurriendo, el norte del país tiene décadas viviendo así, y en nuestro intento por explicarnos y alejarnos de esto decíamos que eran cosas entre narcos “ajustes de cuentas” “que se maten entre ellos” tranquilizándonos para poder seguir con nuestra vida, si  no somos ni delincuentes, ni narcotraficantes, estamos a salvo.

No queríamos aceptar que en este país, desde hace muchos años, si estorbas, te aniquilan. No queríamos aceptar que hace mucho tiempo la autoridad, esa que se supone debe cuidarnos, se unió al crimen organizado mas sangriento y cruel, para mantenerse a salvo solo a ella, a costa de quien fuera, a costa de su pueblo, a costa de estudiantes, a costa de aquellos que alguna vez  se atrevieron a llamar “daños colaterales”.

Nos dejamos incuso convencer de que podría ser nuestra culpa “tenemos el gobierno que merecemos” “el cambio empieza por uno mismo” “si das mordida y compras piratería, eres parte del problema” y ante esas declaraciones, ocultábamos la mano por que no podíamos ya arrojar la primera piedra, nos convencimos que nosotros somos parte del sistema corrupto, y que solo intentando ser buenos ciudadanos, esto comenzaría a cambiar, nos dejamos contagiar por la alarma de los medios condenando las pintas, las marchas violentas, los actos vandálicos y a pedir entonces si que se les castigue, que se les encarcele, por alterar el orden público, por oponerse a que la ley haga su trabajo, ¡ja! aún confiábamos en que lo harían.

Criticamos los activistas virtuales, los de dedo, que nada mas retuitean y dan like, se nos olvida que son los únicos medios de comunicación que si podemos utilizar, en los que podemos expresar, difundir y compartir la información que por muchos años dijimos que los medios tradicionales nos ocultaban, entonces ¿Por qué no utilizarlo? No, no es la solución, pero un hashtag suma al de miles que vuelven Trending topic y hacen que las miradas volteen, una vez más a México. Cambiar los timeline del facebook de frases de buenos días, a fotos, noticias, comentarios, debates acerca del tema, hace que los mas desinteresados y desinformados volteen a ver, sepan que algo pasa, comiencen a reflexionar.

El grito y la postura de todos, es que esto debe cambiar, estamos hartos, hay que hacer algo. Luego como que no nos ponemos de acuerdo cómo He leído muchos comentarios que dicen que dejemos de buscar culpables y encontremos soluciones, y yo el otro día pensaba si será posible una cosa sin la otra.

No, yo no imagino tomando venganza, cortando cabezas, pagando violencia con violencia, pero si creo en el poder de la gente, si creo en la movilización colectiva, si creo en la unión, no quiero dejar de creer pues.

Esto tiene mucho tiempo pasando, quizá eras joven y estabas mas interesado en otras cosas, quizá creías que esto no te afectaba a ti y en este individualismo que nos han sembrado nos han hecho creer que esta bien no pensar en los demás si no te afecta del algún modo (Pero ¿y a ti qué? me dijeron muchas veces) quizá has estado ocupado con algo más. Lo que quiero decir es que esto tiene mucho tiempo gestándose, y no hicimos, hicieron o se hizo algo para detenerlo y va a seguir creciendo hasta que nos sacuda tan fuerte y ya no haya marcha atrás.

No es cosa de partidos, no es PRI, PAN, PRD es una clase política coludida hasta las entrañas con un crimen organizado sangriento y cruel que actúa con impunidad y para sus intereses en contra de un pueblo desunido, incrédulo, individualista, indiferente y que prefiere atacarse entre si antes que admitir que le toca ahora a él, actuar.

Juvencia


Como todos los días, Juvencia tenía que levantarse a las 3:00 am para dar de desayunar a su esposo, repartidor de leche.
Juvencia se sentía tranquila de llevar a cabo la rutina común, todo aquello típico de una ama de casa – ¿acaso había otra cosa? – a ella le parecía que no. Miraba con recelo a las mujeres que trabajaban, a las madres solteras, a las divorciadas que tenían novio y a las que no cumplían cabalmente las labores domésticas. Nunca hablaba mucho de eso, no se metía en chismes ni comentarios porque eso no era de “señoras de su casa” aunque al platicar con su hija y dentro del hogar, reprobaba ese tipo de actitudes. Se jactaba de ser “muy mujer” porque además de las labores domésticas, sabía bordar, tejer, coser y hacer todo tipo de manualidades, además preparaba el mole “como mandan las costumbres”.
Su matrimonio y su familia eran lo que se esperaba, ella así lo había imaginado, por eso se sentía tranquila y bien.
La señora Otilia era una de sus tantas conocidas, diez años mas grande que ella. Viuda, con tres hijas y una herencia que le permitía vivir de sus rentas. Se le veía joven aunque vestía aseñorada porque – “uno de señora debe vestir como lo que es”- decía con mucho orgullo, comentario con el que Juvencia estaba completamente de acuerdo, a sus 26 años ella actuaba, vestía y hablaba como una de 40.
De entre todas sus conocidas Juvencia sentía una inclinación especial hacia la señora Otilia. Le caía bien por ser una mujer honorable, de su casa, dedicada a sus hijas, no como aquellas “busconas”. Su comportamiento, pues,  estaba de acuerdo a los valores y costumbres que Juvencia apreciaba, y le agradaba su charla y  compañía.
Un día, cosa rarísima en Juvencia, invitó a Otilia a ver su colección de carpetas bordadas con listón en tela deshilada. Aceptó gustosa y llegó a la casa de su anfitriona con su propia colección, llevó también galletas hechas por una de sus hijas a quienes había educado para retener un marido junto a ellas, idea que también compartía Juvencia.
Mientras veían las carpetas y tomaban café, a Juvencia se le fue el tiempo muy rápido; hace mucho no se relajaba tanto ni se sentía tan bien. Habían pasado del tema de las técnicas de bordado a la educación de los hijos y  lo mal que estaba la sociedad actual “tan falta de valores”. Juvencia no recordaba hace cuanto no pasaba una tarde así de feliz, se sintió  cómoda y pensaba en que no quería que ese momento se acabara pero tenía que terminar, era hora de preparar la cena y volver a la rutina que terminaba con el día. Otilia entendió, no se ofendió, sabía que eso era lo prudente y se ofreció a ayudarle a doblar y guardar las carpetas, al hacerlo hubo un roce entre sus manos, fue electrizante, Juvencia sintió un escalofrío recorriendo todo su cuerpo, jamás había experimentado algo similar; por una fracción de segundo sus miradas se encontraron, se sonrojó e inmediatamente volteó en otra dirección, siguieron platicando normalmente.
Esa noche Juvencia estaba inquieta, la mirada  de Otilia le venían a la mente, intentaba desviar sus pensamientos, se repetía a ella misma que le estaba dando demasiada importancia, pero en el fondo no podía olvidar esos profundos ojos negros y el electrizante roce que le recorrió  el cuerpo.
A la mañana siguiente se encontraron en el tianguis, se saludaron y siguieron el camino juntas acompañándose en las compras. Se reían, platicaban y terminaron acordando que al siguiente día cocinarían juntas. Así lo hicieron y la tarde siguiente fueron a comprar estambre,  otro día se organizaron para comprar lo necesario y preparar juntas un pastel, después Otilia le platicó que tenía un recetario de gelatinas y pasaron por semanas haciéndolas todas. Las tardes eran divertidas, Juvencia se sentía viva, hacia el resto de sus actividades con mucho ánimo, cantaba aquí y allá; su esposo apenas y se daba cuenta de ello pero apreciaba que últimamente había mas postres y mejores guisos.
Por su parte, Otilia compraba material para hacer manualidades, pasaba por alguna mercería y pensaba en Juvencia, en lo que podría gustarle; compraba el listón mas bonito, la chaquira mas brillante e ideaba cosas que sabían le gustarían a ella. Se seguían hablando de usted, se decían: “señora Juvencia”, “señora Otilia” a pesar de que pasaban ya mucho tiempo juntas y parecía haber confianza entre ellas.
Juvencia se sabía feliz, sonreía todo el día y desde que Otilia apareció en su vida, agradecía despertar y le emocionaban  las actividades que diario planeaban. Otilia sentía lo mismo, nunca se lo dijeron la una a la otra,  es mas, nunca  pensaban mucho en eso, sólo sentían.
Ocurrió que Juvencia un día se enfermó, una gripe muy fuerte la tumbó en la cama y Otilia decidió ayudarle a sus quehaceres y cuidarla. Cuando le llevó su caldo de pollo y la acompañó en su cama para que se la comiera, permaneció un rato platicando ahí con ella. Juvencia se quedó dormida y se recargo en el hombro de Otilia, eso le conmovió muchísimo, nunca había sentido tanta ternura, paso sus dedos por el cabello de Juvencia y terminó en su mejilla, ella se sobresaltó un poco y entreabrió lo ojos, vio la cara de Otilia y se sintió enormemente reconfortada, mas protegida que nunca, una sensación de bienestar la sorprendió, sonrió y volvió a dormir. Nunca antes había tenido un sueño tan profundo como el de esa tarde entre los brazos de Otilia.
Semanas después Juvencia se encontró a la señora Consuelo, vecina de la colonia desde hace muchos años, la interceptó. Ella nunca acostumbraba tener pláticas comprometedoras con nadie pero la señora fue insistente en querer decirle lo que últimamente se rumoraba entre las vecinas, Juvencia accedió a escuchar. Consuelo, tímidamente y con mucho tacto pero con un dejo de morbo, le contó que se rumoraba que Otilia era amante de su esposo, que por eso no salía de la casa – ¿Qué otra razón tendría para estar ahí metidota? – y que era obvio que últimamente se arreglaba mucho mas, que se le veía muy feliz a él y que para todas era indignante que además de todo se burlara de Juvencia acompañándola a todos lados haciéndose pasar por su amiga.
Ella no quiso escuchar mas, le dijo a la señora Consuelo que eso no era cierto pues nunca una mujer como ella lo permitiría, tenía clase y dignidad y su esposo no era capaz, se dio media vuelta y se fue no sin antes alcanzar a escuchar lo que la señora Consuelo dijo: “ la misma reacción de la señora Otilia”.
– Así que la señora Otilia ya había escuchado el rumor – pensó Juvencia mientras lavaba los trastes. No paró de llorar toda la tarde, sabía lo que seguía, no podía ser diferente.
Otilia llegó esa tarde a su casa como siempre, Juvencia abrió la puerta; hubo sonrisas tímidas y largos silencios hasta que Otilia al fin habló – Señora Juvencia, le traje esto – dijo con voz entrecortada,  puso sobre la mesa una caja; Juvencia la abrió. Era un cuadro bordado en punto de cruz, un paisaje lleno de flores y colores, en la parte de abajo su nombre enmarcado con enredaderas y flores de Liz, sus favoritas. Juvencia admiró aquello y se le llenaron los ojos de lágrimas, Otilia solo alcanzó a decir – espero le guste – y sabían que era el final. Tomó su bolsa y dijo adiós, Juvencia la acompañó a la puerta y contempló como Otilia se alejaba. Antes de dar la vuelta a la esquina volteó, iba llorando, levantó la mano agitándola y Juvencia se sintió morir.
Pasaron muchas semanas para que Juvencia pudiera volver a sonreír, se sostenía en sus hijos y sabía que seguir su rutina y con su familia era lo mejor, pero sentía un hueco y no sabía qué hacer.
Después de un año todo volvió a la normalidad, ella siguió despertándose al sonido de la alarma y sintiéndose tranquila, pero nunca  feliz, excepto cuando cerraba los ojos y venía a su mente la sonrisa  y la mirada de Otilia junto con su aroma que percibía como si la tuviera ahí cerquita, entonces recordaba con enorme alegría los que habían sido los mejores días de su vida.

¿Han leído a Aaron Benitez?

Lo encuentran en Facebook con ese nombre y su blog es aaronbenitez.com yo lo leo con regularidad y me gusta porque no habla de una sola cosa, habla de su vida, de emprender, de su negocio, de su trabajo, de sus reflexiones y los temas son variados, su blog y sus textos no hablan nunca de una sola cosa.

Por mucho tiempo he tratado de “enfocarme” en una sola cosa. A ver Aline ¿A qué te vas a dedicar en serio y qué vas a dejar como hobbie?. A ver, tienes un blog, no hables de tu vida profesional ahí, para eso haz otro blog, y en este sólo habla de tu vida personal, total, nadie lo lee. El blog profesional úsalo para agregarlo a tu CV y que vean que le sabes a esto de las redes sociales.
Pero ya no, ya la capté. Leyendo a Aaron Benitez me di cuenta de un error que había cometido: intentar volverme experta en algo cuando en realidad me llaman y me vibran un montón de temas de los cuales no sé si llegaré a ser experta pero si me informo y reflexiono y platico con amigos y me gusta escribirlos, así que…aquí voy.
¿Para qué separar lo que soy y pienso? Así que mejor pásele al chisme, la lloradera, la risa, la reflexión, a los consejos útiles sobre el tema al que me dedico, al tema de emprender y sobre todo al de fracasar cuando quieres emprender, (¡soy experta! pregúntenme)  y a temas random que vayan surgiendo. Lo único que puedo hacer es dividirlos en etiquetas por si a alguien en este inmenso mundo le interesa algo en concreto.
Antes de éste blog tuve otro, ese si tenía visitas y comentarios (eran otros tiempos hijos míos) y tuve trolls y ataques en otros blogs hacia mi y mis contenidos y bueno, había mas vida y movimiento que en éste; cometí el error de borrarlo y volver a empezar. Aquí no hay mucho, ni tengo muchos años con éste, pero voy de nuevo y eso si prometo, no borrarlo.
A ver a dónde llegamos esta vez. Y de verdad, lean el blog de Aaron Benitez, ya luego deciden si les gusta o no.

Dejar una botella en el mar con un mensaje adentro

El equivalente a eso en la era virtual, fue lo que hice hace rato.
Escribí un texto en una plataforma donde la gente pude subir sus textos libremente con tan solo vincular su cuenta a su cuenta de facebook.
Escribí ahí sin mirar mucho lo que escribía, sólo me seguí de corrido, quería plasmar lo que sentía.
Y cuando terminé, di click en “done” y dejé que se fuera, que se perdiera en la inmensidad de millones de textos. Como si se empezaran a escuchar voces, párrafos, gritos y cada vez escuchara menos aquello que había escrito.
Claro, tienes la opción de compartir el texto, pero no quise hacerlo.
Claro, a diferencia de la botella en el mar, el texto se puede rastrear, recuperar y en cualquier momento compartir, pero elegí soltarlo, dejar que se lo lleve la corriente, esperar a ver si alguien mas lo descubre o si regresa a mi.

¿Y para qué seguir?

¿Para qué escribir si ya se ha dicho todo? Del calor del amor, de la soledad de la muerte, de la nostalgia, de la impotencia, de la injusticia, de la alegría, de los días con sol y de los días con lluvia, de los ojos azules, verdes y negros, profundos como…
claros igual que…

¿Qué mas podría yo decir?